O bien es Navidad o llega el verano y si no se casa un amigo o tenemos un evento con la empresa. Algunas personas parece que llevan a dieta toda vida. Es evidente que no es una situación muy recomendable y que no todos responden del mismo modo ante un sistema nutricional. A unos les va bien y a otros no tanto. Luchar toda la vida contra tu propia tendencia debe ser muy frustrante.
¿Será que tienen el síndrome de la eterna dieta?

Esta especie de “condena” es como una cruz que arrastran muchas personas como algo recurrente e inherente en sus vidas. Y si esto se convierte en la tónica habitual, enganchando una dieta tras otra, obsesionados por no coger ni un kilo de más y contando todas las calorías que ingerimos, podría tratarse de permanexia un trastorno alimentario que puede tener graves consecuencias para la salud. Así que mucho cuidado.

La permarexia es una trastorno de la conducta alimentaria relativamente jóven, donde la persona piensa que todo lo que come engorda y le lleva a probar varias y diferentes tipos de dietas, que en la mayor parte de los casos son desequilibradas y poco saludables. Para muchos expertos es el paso previo a la anorexia o bulimia, por eso es importante reconocer las señales que identifican la permarexia.

Empiezo el lunes

Aunque la permarexia no se considera un trastorno reconocido oficialmente pero se dice que es la antesala a un problema alimenticio serio.

Seguramente muchos de nosotros nos sentimos identificados con la expresión de “el lunes empiezo sin falta” ya que parece que queremos dejar atrás los excesos del fin de semana, del evento en cuestión o de los atracones acumulados. Es el día de inicio de la semana el que marca un ciclo nuevo y un supuesto empuje motivacional para entregarnos a la dieta.

Para muchos expertos, existen un gran número de dietas que nos ayudan a bajar de peso de forma puntual, pero no para mantener las perdidas a largo plazo. Esto quiere decir que más que un régimen, en la mayoría de los casos necesitamos un cambio profundo de hábitos de vida. Por ejemplo en nuestra actividad física y, por supuesto, en nuestra forma y maneras de alimentarnos. Hablamos de hábitos, de contenidos en las comidas, cantidades y distintos factores asociados a los malos hábitos.

Señalar que estas dietas restrictivas de calorías tan de moda, o dietas por puntos, de la piña, alcachofas etc. te exponen al consabido efecto rebote de la mayoría de las dietas milagro.
Las dietas milagro son dietas de adelgazamiento que tienen en común la promesa de una rápida pérdida de peso sin apenas esfuerzo y sin apenas fundamento científico.

Buenos hábitos y mejores alimentos

Las dietas sanas son aquellas que combinan la ingestión de alimentos saludables para cada persona con la práctica de algún ejercicio. Esta es la clave para no obsesionarse con el peso ni las dietas.
Según la mayoría de los dietistas, no existen alimentos “malos”, sino dietas “poco sanas”. Una dieta saludable se consigue comiendo la cantidad correcta de alimentos en la proporción adecuada, con continuidad.

Por tanto, a la hora de alimentarnos hay que tener muy presente los siguientes criterios:

• Es muy importante elegir una dieta variada que incluya alimentos de diferentes grupos: cereales, frutas, hortalizas, aceites, lácteos, carnes, pescados, huevos … ya que los nutrientes se encuentran distribuidos en los alimentos y pueden obtenerse a partir de muchas combinaciones de los mismos. La carne de pollo es la segunda más consumida en todo el mundo por detrás de la del cerdo. Su consumo nos aporta proteínas de alto valor biológico, importantes vitaminas, minerales y menos cantidad de grasas saturadas que en el caso de las carnes rojas.

• Es crucial mantener un adecuado equilibrio para que el consumo excesivo de un alimento no desplace o sustituya a otro. Las necesidades de cada nutriente son cuantitativamente muy diferentes. Así, las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas, que son los únicos nutrientes que nos proporcionan energía o calorías, deben consumirse diariamente en cantidades de varios gramos y por eso se denominan macronutrientes. El resto, vitaminas y minerales, se necesitan en cantidades mucho menores y se llaman micronutrientes.

• Piensa en llevar una moderación en las cantidades que consumas para mantener el peso adecuado. La incorporación de una amplia variedad de frutas y verduras de diferentes colores y tipos es esencial para proporcionar las diversas vitaminas y minerales necesarios en la alimentación. Comer cantidades adecuadas de frutas y verduras puede ayudar a reducir el riesgo de ciertas enfermedades crónicas.

• Tenemos que tener en cuenta nuestros hábitos alimentarios particulares, ya que no comemos sólo por necesidad física, sino también lo hacemos para disfrutar. Por ello, nuestra dieta además de sana y nutritiva, tiene que configurarse de manera que sea apetecible y que incluyamos alimentos a los que estamos acostumbrados.

• Tomar gran cantidad de agua todos los días. El agua es más importante para la vida que cualquier otro nutriente y el cuerpo cada día requiere más agua porque las reservas deben ser repuestas diariamente.

Los nutricionistas y los entrenadores personales están de acuerdo en una cosa: no existen métodos milagrosos para conseguir adelgazar, ni es recomendable poner a nuestro cuerpo a prueba cada vez nos vemos en la necesidad de perder unos kilos. Lo que debemos hacer, si es que queremos mantener un peso ideal, es trabajar sobre una alimentación saludable, que sea sostenible y que nos haga sentirnos satisfechos sin tener la necesidad, una vez cumplido el objetivo, de volver a los atracones o las descompensaciones.