Los beneficios del pollo y cuándo es mejor evitarlo

El pollo aparece con frecuencia en la mesa, no solo por su precio accesible. Es una carne fácil de digerir, con menos grasa y más proteína que, por ejemplo, el cerdo o el cordero. Por eso, los médicos suelen recomendarlo a personas con problemas digestivos o a quienes buscan perder peso.

En un solo pollo hay dos tipos de carne. La blanca —pechuga y alas— es más magra, aunque puede parecer algo seca. En cambio, los muslos y contramuslos se consideran carne roja: son un poco más grasos, pero ricos en hierro. Qué elegir depende de tus hábitos, tu gusto y lo que necesite tu cuerpo.

Pero no todo es nutrición. El pollo es práctico. Se puede asar, hervir, guisar o freír. Combina con papas, arroz, verduras, e incluso con pasta. Y no requiere experiencia culinaria: cualquiera puede prepararlo. Dicen que en la alimentación saludable, ocupa uno de los primeros puestos.

Beneficios para deportistas, oficinistas y gamers

El pollo no es solo un alimento cotidiano, sino una excelente fuente de proteína. Además, es una proteína de alta calidad y más fácil de asimilar que la de la carne roja. Es una opción ideal para quienes entrenan o se recuperan de una enfermedad.

Y también para el resto. En especial, para quienes sufren de sedentarismo. El pollo es un producto dietético excelente para oficinistas y gamers. Ambos son grupos cada vez más grandes. Sobre todo con el crecimiento del mundo de los videojuegos. Este mercado ya supera los $100.000 millones, impulsado por géneros sumamente populares. Además de las historias clásicas y los juegos multijugador, cada vez ganan más terreno los arcades. Según los datos en este enlace, cada vez más personas juegan a crash games. Incluso con dinero real en casinos online. Su popularidad se debe a una jugabilidad simple pero entretenida. Y eso lleva a muchas horas frente a la pantalla, ya sea en el PC o en el móvil. En este caso, hablar de actividad física es complicado. Por eso, el pollo puede ser una buena opción alimenticia para ellos.

En 100 g de pollo hay unos 20 g de proteína y solo 190 kcal. Es poco, sobre todo si se compara con otros tipos de carne. Además, contiene vitaminas del grupo B. Estas son importantes para el metabolismo, la piel, el cabello, las uñas e incluso el estado de ánimo.

Otros beneficios del pollo

Se dice que el pollo es especialmente beneficioso para embarazadas. Contiene hierro, zinc, yodo, magnesio y fósforo. Todos necesarios cuando el cuerpo está bajo más presión de lo habitual. No es necesario comerlo a diario, pero incluirlo en la dieta de forma regular no está de más.

Otro punto a favor: contiene ácidos grasos poliinsaturados. Estos suelen faltar, sobre todo si no se consume pescado. Son importantes para el corazón, los vasos sanguíneos y el equilibrio del metabolismo. En resumen, muy útiles.

Un caldo de pollo caliente es simple, pero eficaz. Suele prepararse cuando alguien está enfermo: calienta, reconforta y no sobrecarga el estómago. Es ideal para niños, personas mayores y quienes aún no pueden comer alimentos más pesados.

Cuando se inicia un resfriado, el caldo puede aliviar un poco los síntomas. Se dice que reduce la inflamación y ayuda al cuerpo a manejar mejor el esfuerzo. También se recomienda a personas con presión baja: si se toma poco a poco y con regularidad, puede dar un pequeño impulso al sistema cardiovascular.

Es suave, sin sabores agresivos ni grasas pesadas. Por eso se incluye en muchas dietas para gastritis y otros problemas estomacales. Lo importante es evitar los caldos comerciales y no pasarse con la sal. Mejor hacerlo en casa: con pollo natural, sin potenciadores ni aditivos. Es algo sencillo, pero funcional.

Lo importante es cómo se prepara

Los beneficios del pollo varían según su preparación. Por ejemplo, el frito no es la opción más sana: tiene más grasa y puede elevar el colesterol. Asado a la parrilla o ahumado tampoco es ideal si hay sobrepeso o problemas vasculares.

A menudo se olvida la piel. Parece un detalle menor, pero es casi todo grasa. Si quieres un plato más liviano, lo mejor es quitarla antes de cocinar. No cuesta nada y reduce bastante las calorías.

Otro factor importante: el origen del pollo. Si es un broiler de granja criado en pocas semanas, es posible que haya sido tratado con antibióticos u hormonas. Un pollo casero suele generar más confianza, pero todo depende de las condiciones en que fue criado.

Y lo más obvio: la carne debe estar bien cocida. Nada de centro crudo, sobre todo si es para un niño. El riesgo de intoxicación es alto: las bacterias adoran el pollo poco cocido. Al final, todo depende del enfoque, no del pollo en sí.

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